Programa de consulta y apoyo - VivaConvivencia

Usted encontrará aquí un canal de consulta y apoyo en temas de conflicto relacionado con orientación sexual con enfoque especial hacia Jóvenes y Familia, nuestro deseo es brindarle información que le pueda servir de guía en la solución de conflictos. 

Conozca aquí más sobre Sexualidad contextualizada y actualizada y conozca también cómo los lazos de afecto, respeto y apoyo hacen parte del cajón de herramientas que realmente construye sociedad en CONVIVENCIA.

  

Padres y Madres

La crianza educativa incluye también la vivencia de la sexualidad y manejarla correctamente en un hijo o una hija en una etapa aparentemente "inmanejable o propensa" es tan importante como CONSULTAR fuentes adecuadas que reafirmen o reevalúen sus criterios. Tener un acercamiento pleno con sus hijos le dará la posibilidad de convertirse en un verdadero apoyo para ellos que finalmente se reflejará en personas seguras, familias unidas y sociedades consientes .

 

Docentes y Educadores

Se ha demostrado que la escuela es el espacio donde más tiempo transcurren los niños, niñas y jóvenes, por esta razón es fundamental incluir dentro de la formación docente el reconocimiento de otras realidades y su manejo formativo adecuado. La sexualidad en la escuela se ha trabajado parcial y convenientemente siempre anteponiendo el miedo al enfrentar temas considerados tabú debido a la responsabilidad que se tiene sobre la familia del educando. No se preocupe, aquí usted podrá orientarse para poder orientar, su ejemplo ejercido diariamente en su trabajo es altamente influyente y determinante en la formación no sólo académica sino moral y cultural, usted representa la brújula de las futuras generaciones.

Opinión

LA PAZ EN UNA MANO, LA GUERRA ENTRE LAS PIERNAS

13.05.2010 12:07

 Por: Simón Portés

La paz se ha convertido en una palabra de moda, un movimiento donde se han excusado y ocultado los afanes de quienes sólo desean sacar provecho de la incondicionalidad de sus verdaderos creyentes y constructores.

En estrados, púlpitos, libros, declaraciones como en cenas familiares se habla de ella exigiendo su ejercicio, pero prefiero cuestionar su práctica en la cotidianidad donde esas palabras pierden vigencia desde el uso del lenguaje hasta el discurso del poder. Por acción u omisión se abre conflicto mientras la impunidad de la doble moral se mueve entre la ignorancia y la desidia como perro por su casa. Para buscar las malformaciones de éste concepto traigo como referente el núcleo de la sociedad, pongo en duda la santificada imagen de la familia, una utopía que veta los riesgos inherentes a su conformación cuando sigue el estereotipo que olvida particularidades dadas por temporalidad, cultura, educación y demás variables.

El sentido de convivencia entre la diversidad de pensamiento es el ejemplo que debe primar en un núcleo educador, sin esa condición las personas en formación tendrán una estructura mental a partir de lo aprendido en su hogar y por su arraigo será más difícil de modificarla positivamente en la escuela. Quiero centrar esta parte en les hijes[1]  que en casos donde su sexualidad no está dentro de la regularidad (es decir, no heterosexuales), los esfuerzos de sus allegados por reorientarla sólo causan daños en ambas partes cuando existe la tendencia al uso de presiones de tipo económico, sanciones afectivas y en círculos religiosos, el chantaje tiene más aseveraciones que en muchos testimonios sólo logran un engaño para ambas partes con lesiones sicológicas. En mi experiencia personal doy fe del funcionamiento casi por inercia de muchas familias que  mantienen el vicio de copiar modelos novelescos, y lo “ejemplar” de otras familias coleccionando prejuicios del mercado popular. Éste esquema causa catástrofes emocionales que empujan al suicidio (literal o no) de jóvenes y niñes quienes buscan en su propia determinación de muerte el alivio negado en casa. No quiero victimizar adolescentes ni hacer victimarias las personas que comparten su crianza, considero importante el análisis introspectivo del tipo de amor que tienen por concepto y su interpretación errónea que se olvidó de coexistir entre la diferencia, siendo infiel a la esencia fundamental del amor.

Como amor y paz van de la mano traigo a colación a Buda, un gran representante espiritual que planteó los polos entre los cuales se resumen todas las emociones: Amor y Miedo como energías fundamentales que crean o destruyen.

¿Acaso la familia no tiene miedo del  futuro de su hije gay, lesbiana, bisexual, trans[2] o intersex[3]?

Quienes tienen miedo de asumir su sexualidad no heterosexual (aplica también para identidad de género) seguramente copiaron ese patrón temeroso de su contexto. Si el miedo estuviera ligado a la autodefinición de gustos o preferencias sexo-emocionales, entonces les heterosexuales también pasarían por esa etapa al no saber si sus deseos corresponden a su convicción; como no es así, es deducible que el miedo está realmente ligado a las garantías ofrecidas por la sociedad en el ejercicio libre de la sexualidad, y no a una desorientación o incapacidad para tal decisión. Lamentablemente los sistemas (educativos, legislativos, económicos…) adiestran personas para que sean heterosexuales y en el mejor de los casos, presumen que todas lo son o lo serán al tiempo que eliminan y satanizan opciones.

La idea no es erradicar el miedo ni cambiar mundos, es básicamente aprender a reconocer los cánceres comenzando por recordar que la riqueza de la diversidad está plasmada en la biología misma; acabar con el desprecio por la capacidad de autonomía de les demás; promover las decisiones cargadas de amor y ausentes de miedo para elegir carrera universitaria y hasta la misma ropa, de tales maneras se puede demoler la fachada que históricamente sólo ha servido para legalizar al pensamiento ultraconservador que dictamina lo que está permitido y lo que no.  A un personaje le será imposible vender paz cuando su territorio ha servido para que otres construyan a punta de asedio e imposición, apuñalando adversidades para dejar claro “quién es quién” o “quién tiene la razón”, eso es guerra.

Las  circunstancias aquí mencionadas se ligan tan profundas que es difícil creer que no tienen conexión. A pesar de que no son única base de la violencia, atentar contra el derecho a la libertad de vivir el cuerpo y las emociones, es una columna que sostiene beligerancia. Ésta es una mirada a un segmento poblacional que como tantos otros, viven una hostilidad tan cierta y latente que se expresa en historias tristes como  cifras estadísticas de deserciones escolares, abandono familiar, asesinatos macabros de asesinos en serie, amenazas y desplazamientos forzados propiciados por grupos organizados, suicidios, despidos laborales injustificados y persecución contra líderes de movimientos representativos  pero aquí, no ha pasado nada.

 

Quiero mencionar brevemente otro tema álgido: La familia homoparental[4]. Afirmar entonces que la aptitud para ser padre o madre ejemplar no es propiedad exclusiva de ninguna doctrina y mucho menos de una orientación sexual, ratifica que es más importante la calidad humana de quienes conforman una familia, que la determinación de quiénes la deben constituir idealmente. No estar de acuerdo con lo anterior no quiere decir que no existan este tipo de cunas, las leyes sólo son un medio de aceptar y condicionar una realidad que pierde al no tener las mismas garantías que sí tienen las “familias ideales”, negándoles la posibilidad de ser una fuente más de desarrollo humano y negándonos a ser beneficiados por su aporte.

Una persona violenta no se hace en dos años; nace, crece y reproduce su linaje. Hacer paz en un país como Colombia no consiste en disfrazarse de santo, con camisetas blancas  y caminando en manada por las calles; consiste en tomar la tarea personalmente,  comenzando por la autoevaluación y la autocorrección.

Con una lupa, planteo que nuestra educación desde todos los aspectos siempre omite que el mundo y todo lo que contiene es por esencia diverso, diferente y plural. Encuentro palabras como aceptarle, tolerarle o peor, comprenderle, para referirse a alguien que no está dentro de la uniformidad. Éstas palabras no solo niegan a la gran masa como diversa dentro de su "uniformidad", sino que señalan a lo diferente como único diferente, incubando en la creencia común una autoridad selectiva que es capaz y tiene el derecho moral de justificar la mancha en el mantel. Aquí, un primer paso que nos aleja de la paz y nos acerca a la guerra con todo, porque donde vayamos, donde miremos y lo que toquemos estará más susceptible de no parecerse a nosotros que parecerse.

El pre-juicio es la esencia de un conflicto, irónicamente es aplaudido y reforzado culturalmente. La responsabilidad de su robustecimiento y proliferación recae siempre en la “autoridad legitimada” que al presentarse como amistosa o intimidatoria, enseña masivamente antes que el "bien" y el "mal", la costumbre de hacer juicios a partir de creencias particulares, tan únicas que no resisten estandarización, tan venenosas que producen estigmatización.

 



[1] les hijes: Lenguaje de género para referirse a los hijos y las hijas. Letra “e” como neutralizador e incluyente evitando el lenguaje sexuado.

[2] Palabra del lenguaje de género que se refiere a personas que transitan por el género corporal y/o indumentariamente: travestis, transexuales y transformistas entre otras.

[3] Intersexuales: Personas  con características masculinas y femeninas simultáneamente representados cromosómica o corporalmente en grados variables.

[4] Familia homoparental: núcleo familiar constituido básicamente por dos padres o dos madres, es decir, dos personas del mismo sexo.

 

 

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